De la biografía
de Arquímedes, gran matemático griego, ingeniero, físico y astrónomo a
quien Plutarco atribuyó una «inteligencia sobrehumana», sólo se conocen una
serie de anécdotas. La más divulgada se refiere al método que utilizó para
comprobar si existió fraude en la confección de una corona de oro encargada por
Hierón II, tirano de Siracusa y protector de Arquímedes, quizás incluso
pariente suyo. Hallándose en un establecimiento de baños, advirtió que el agua
desbordaba de la bañera a medida que se iba introduciendo en ella; esta
observación le inspiró la idea que le permitió resolver la cuestión que le
planteó el tirano. Se cuenta que, impulsado por la alegría, corrió desnudo por
las calles de Siracusa hacia su casa gritando «Eureka! Eureka!», es decir, «¡Lo
encontré! ¡Lo encontré!».
Hoy
sabemos gracias a él que su famoso principio de Arquímedes se formula
matemáticamente de la siguiente manera:
Empuje(N)=Densidad líquido(Kg/m3)·Volumen cuerpo(m3)· Gravedad(9'8m/s2)
Su principio se enuncia de la siguiente forma:
Todo cuerpo sumergido en un liquido experimenta un empuje vertical y hacia arriba igual al peso del líquido desalojado.
Lo cual le
permitió descubrir que el orfebre había cometido fraude.





